Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai El exceso malsano al que tendía el sensible código de honor se contrarrestaba en buena medida por predicar la magnanimidad y la paciencia. Ofenderse a la más mínima provocación se ridiculizaba como «tener mal carácter». El refrán popular decía: «Soportar lo que uno piensa que no puede soportar, es realmente soportar». El gran Iyéyasu[190] dejó algunas máximas para la posteridad, entre ellas la siguiente: «La vida de un hombre es como recorrer un largo camino con una pesada carga sobre los hombros. Sin prisa… Sin reproches, pero siempre atento a los propios defectos… La paciencia es la base de los días largos». En su vida demostró lo que predicaba. Un talento literario[191] atribuyó un conocido epigrama a tres famosos personajes de nuestra historia. A Nobunaga[192] le atribuyó: «Lo mataré, si el ruiseñor no canta a su hora»; a Hideyoshi: «Le obligaré a cantar para mí»; y a Iyéyasu: «Esperaré hasta que abra la boca».
Mencio también elogió repetidamente el hecho de ser paciente y sufridor. En una ocasión escribe a este efecto: «Aunque te desnudes y me insultes, ¿qué representa para mí? No puedes ensuciar mi alma con tu afrenta»[193]. En otra ocasión enseña que la cólera por una ofensa insignificante es indigna de un hombre superior, pero la indignación por una buena causa es una ira justa[194].