Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai El grado de docilidad no beligerante y sumisa que el bushido podía alcanzar entre algunos de sus devotos, puede apreciarse en sus palabras. Tomemos, por ejemplo, este dicho de Ogawa: «Cuando otros dicen todo tipo de cosas malas sobre uno, no hay que responder a la maldad con maldad, sino reflejar la lealtad en el cumplimiento de las propias obligaciones»[195]. Tomemos otro de Kumazawa: «Cuando otros nos culpan, no les culpemos; cuando otros se enojan con nosotros, no nos enojemos. La alegría solo llega cuando parten la pasión y el deseo»[196]. Y aún citaré otro ejemplo de Saigo[197], sobre cuyas prominentes cejas: «La vergüenza se avergüenza de posarse»[198], «El camino es el camino del cielo y la Tierra; el lugar del hombre es seguirlo; por tanto, el objetivo de su vida debe ser reverenciar el cielo. El cielo me ama a mí y a otros por igual; así que con el amor que te amas a ti mismo, ama a los demás. Que el hombre no sea tu aliado, sino el cielo, y que así obres mejor. Nunca condenes a los demás; preocúpate primero de alcanzar tus propias metas». Algunas de estas frases nos recuerdan reconvenciones cristianas, y nos muestran lo mucho que en la moralidad práctica la religión natural puede acercarse a la revelada. Estas frases no solo quedaron como palabras, sino que en efecto se plasmaron en hechos.