Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Cuando un maestro elige el carácter y no la inteligencia, el alma y no la cabeza, como material sobre el que trabajar y desarrollarse, su vocación adquiere un carácter sagrado. «Es el progenitor quien me dio a luz: es el maestro el que me ha hecho un hombre». Por tanto, con esta idea, la estima que se tenía por los preceptores era muy alta. Un hombre capaz de suscitar semejante confianza y respeto entre los jóvenes necesariamente debe estar dotado de una personalidad superior, sin carecer de erudición. Era un padre para los huérfanos y un consejero para los extraviados. «Tu padre y tu madre —así dice nuestra máxima— son como el cielo y la tierra; tu maestro y tu señor son como el sol y la luna»[249].