Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Esta misma disciplina de autorrepresión es la responsable de la ausencia de reavivamientos más frecuentes en las iglesias cristianas de Japón. Cuando un hombre o una mujer sienten que su alma está turbada, el primer instinto es reprimir discretamente la manifestación del malestar. En contadas ocasiones se suelta la lengua por un ánimo irrefrenable, con una elocuencia de sinceridad y fervor. Supone dar más importancia al incumplimiento del tercer mandamiento en cuanto a fomentar que se hable a la ligera de la experiencia espiritual[257]. A oídos de los japoneses, es realmente chocante escuchar las palabras más sagradas, las experiencias más secretas del corazón, soltadas ante un público promiscuo. «¿No sientes que el suelo de tu alma se turba con pensamientos de ternura? Es el momento de que broten las semillas. No las molestemos hablando; dejemos que trabajen solas, con tranquilidad y discreción», escribe un joven samurái en su diario[258].
Expresar en muchas palabras los pensamientos y sentimientos más íntimos de uno, en particular en cuanto a la religión, se considera un signo inequívoco de que no son ni muy profundos ni muy sinceros. «Solo es una granada —reza un refrán popular—, que, cuando abre la boca, muestra el contenido de su corazón»[259].