Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid y los otros ya veréis en qué los quiso emplear: Minaya a doña Jimena, a sus hijas y además a todas aquellas damas que acompañándolas van, con esos quinientos marcos tiene pensado comprar las mejores vestiduras que en Burgos pueda encontrar, con palafrenes y mulas que sean buen de mirar.
Cuando en la ciudad de Burgos las compras hechas están y aquel bueno de Minaya a San Pedro vuelve ya, he aquí que Raquel y Vidas a sus pies vanse a arrojar: “Merced, merced, Álvar Fáñez, caballero de fiar, si Mío Cid no nos paga, nuestra ruina esto será, al interés renunciamos si nos vuelve el capital”.
“Yo lo hablaré con el Cid si Dios me lleva hasta allá, por lo que vos le ayudasteis buena merced os dará”.
Dijeron: “Quiéralo así la divina voluntad, si no, de Burgos saldremos y le iremos a buscar”.
El buen Minaya Álvar Fáñez para San Pedro se va; muchas gentes se le acogen, se preparan a marchar, a la hora de despedirse gran duelo tuvo el abad: “Adiós, Minaya Álvar Fáñez, el Creador os valdrá, de parte mía las manos al Campeador besad, que de este monasterio nunca se quiera olvidar, con su amparo este convento medre por siempre jamás, que si el Cid así lo hace en honra suya será”.
Dijo Minaya: “He de hacerlo con muy buena voluntad”.