Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Allí todos se despiden y empiezan a cabalgar,
con ellos va el palatino que los tiene que guardar.
Por todas las tierras reales mucha comida les dan.
De San Pedro hasta Medina cinco días tardarán.
A Álvar Fáñez y a las damas en Medina tenéis ya.
De los que el mensaje llevan ahora pasemos a hablar: cuando de él se hubo enterado Mío Cid el de Vivar, le plugo de corazón, gran alegría le da, y así como oiréis ahora, así comenzaba a hablar:
“Quien buen mandadero envía tal razón debe esperar.
Tú, Muño Gustioz, y tú, Pedro Bermúdez, marchad, con don Martín Antolínez, ese burgalés leal.
Vaya también don Jerónimo, sacerdote de fiar,
y cien hombres bien armados por si hubiera que luchar.
Por tierras de Albarracín primero debéis pasar, después seguid a Molina que está puesta más allá.
Abengalbón que la tiene es moro amigo y de paz; con otros cien caballeros él os acompañará, y subiendo hacia Medina, lo mas que podáis andar, a mi mujer y a mis hijas, que con Minaya vendrán por lo que a mí me dijeron, allí podréis encontrar.
Entonces con grandes honras conducídmelas acá.
Yo me quedaré en Valencia, que mucho me fue a costar y gran locura sería dejarla sin amparar.