Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Yo me quedaré en Valencia, que Valencia es mi heredad.”
Cuando el Cid esto hubo dicho empiezan a cabalgar y todo el tiempo que pueden anduvieron sin parar.
Albarracín lo pasaron, en Fronchales están ya, al día siguiente llegan a Molina a descansar.
Aquel moro Abengalbón, cuando supo a lo que van, muy bien que los recibió y muy contento que está: “¿Sois vosotros los vasallos de mi amigo natural?
Sabed que vuestra llegada gran alegría me da”.
Ese buen Muño Gustioz habló sin más esperar: .
“De parte de Mío Cid os queremos saludar, cien caballeros de escolta os manda el Cid preparar, que su mujer y sus hijas en Medinaceli están, quiere que vayáis por ellas y se las traigáis acá, y que hasta Valencia de ellas no os queráis separar”.
Dijo Abengalbón: “Lo haré de muy buena voluntad”.
Una gran comida a todos aquella noche les da
y a la mañana siguiente empiezan a cabalgar,
ciento sólo le pidieron pero él con doscientos va.
La sierra bravía y alta ya se la dejan atrás,
luego cruzan la llanura de la Mata de Taranz,
mucha confianza tienen, sin ningún recelo van, por el valle de Arbujuelo ya se aprestan a bajar.