Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Luego, el moro Abengalbón, que mirándoles está, con gesto muy sonriente a Minaya fue a abrazar, según la costumbre mora, beso en el hombro le da.
“Dichoso el día, Minaya, en que os vengo a encontrar.
A esas damas traéis vos que honra nos vienen a dar, a las dos hijas del Cid, a su esposa tan leal.
Tal es la suerte del Cid y todos le hemos de honrar, aunque poco le quisiéramos no se le puede hacer mal, se quedará con lo nuestro, sea por guerra o por paz.
Por muy torpe tengo yo al que no ve esta verdad’.