Cantar de Valtario
Cantar de Valtario LOS SERVIDORES PALATINOS acuden corriendo desde la fortaleza y, alegres de volver a ver a su héroe, sujetan la brida del caballo hasta que Valtario desciende de la alta silla. Le preguntan si las cosas han ido bien. Él, brevemente, les responde y, sin más, entra en el palacio, pues se encuentra muy fatigado, y se encamina a las habitaciones del rey. Tropieza allà con Hildegunda, que está sola y sentada. Tras abrazarla y besarla tiernamente, le dice:
—Tráeme en seguida algo de beber. Estoy extenuado.
Ella al punto llenó de vino un precioso cáliz y se lo ofreció al héroe, quien, santiguándose, lo tomó y, al tomarlo, apretó con su mano la mano de la doncella; Hildegunda se quedó allÃ, en silencio, mirándolo a los ojos. Bebe Valtario y devuelve la copa, vacÃa, a la doncella —ambos sabÃan que se habÃa concertado su matrimonio—, y, dirigiéndose a su amada, le dice:
—Hace ya mucho tiempo que los dos soportamos este destierro, sin ignorar lo que nuestros padres decidieron acerca de nuestro futuro. ¿Vamos a seguir silenciando nuestros sentimientos?
La doncella, pensando que su prometido no hablaba en serio, permaneció callada un rato y después dijo:
