Cantar de Valtario
Cantar de Valtario EL FUGITIVO VALTARIO —como ya he dicho— caminaba de noche, y de dÃa, adentrándose en lo más espeso de los bosques, atraÃa con maña a los pájaros y con maña los capturaba, cazándolos unas veces con liga y otras con horquillas de madera. Y cuando llegaba a un lugar por donde fluÃan rÃos serpenteantes, arrojaba el anzuelo al agua, arrebatando al rÃo la presa. De este modo, y sin escatimar esfuerzos, conseguÃa ahuyentar el tormento del hambre. Y durante todo el tiempo que duró la fuga, se abstuvo de trato carnal con la doncella el héroe digno de alabanza, el valiente Valtario.
Cuarenta veces ha completado el sol su giro desde que abandonó la corte de Panonia. Ese mismo dÃa, cuadragésimo de la serie, llega al anochecer a orillas del Rin, allà por donde el rÃo encamina su caudal hacia la ciudad de Worms, espléndida sede real. Con los peces que lleva en las alforjas paga Valtario el pasaje al barquero y, una vez en la otra ribera, prosigue velozmente u camino.
Apenas habÃa disipado el nuevo dÃa las negras tinieblas, cuando el barquero se dirigió a la ciudad antes mencionada y llevó al cocinero mayor del rey los peces que le habÃa dado el viajero. Una vez cocinados, se los presentaron al rey Guntario, quien se quedó estupefacto al verlos y dijo desde su alto sitial:
