Cantar de Valtario
Cantar de Valtario LA VISIÓN DE LOS TRES CADÁVERES no asusta al demente Guntario. Antes bien, ordena a sus hombres que sigan dirigiéndose a la muerte sin demora. El cuarto en probar suerte es Equifrido, natural de Sajonia, quien, tras matar a un noble en su país, se había desterrado allí. Monta un caballo bayo con pintas. Cuando ve a Valtario dispuesto para el duelo, le pregunta:
—Dime, maldito, ¿tu cuerpo es algo que se puede tocar, o nos engañas con fantasmas hechos de aire? Lo cierto es que me pareces un fauno de los que habitan en las selvas.
Valtario le responde con una alegre carcajada:
—Tu pintoresca manera de hablar revela que perteneces a aquel pueblo a quien Naturaleza concedió la primacía en el arte de la broma. Pero si te acercas más, tanto que pueda tocarte con mi diestra, podrás luego contar a los Sajones que viste en los Vosgos el fantasma de un fauno.
—Quiero saber de qué estás hecho en realidad.
Dijo Equifrido, y arrojó con fuerza su lanza. Vuela el arma impulsada desde la correa, pero el duro escudo la quiebra. Y Valtario responde, al tiempo que arroja la suya:
—Éste es el regalo que te envía el fauno de las selvas. ¡Mira si mi dardo penetra más que el tuyo!
