Cantar de Valtario
Cantar de Valtario —¡Oh torbellino del mundo, insaciable apetito de poseer, abismo de la avaricia, entraña de todos los males! ¡Ojalá devorases, cruel, tan sólo el oro y las demás riquezas, y dejases en paz a los hombres! Porque también inflamas a los hombres con tu poder perverso, y ninguno se contenta con lo que tiene. La codicia es quien hace que no teman acudir al encuentro de una muerte afrentosa. Cuanto más tienen, más les consume el ansia de poseer. Quieren apoderarse de lo ajeno por la fuerza o mediante engaños y —lo que es más lamentable y digno de llanto— arrojan al horno del Erebo, para conseguirlo, a almas nacidas en el cielo. Y yo no he sido capaz de detener a mi amado sobrino: ¡tanto lo has aguijado, oh cruel codicia! Corre ciego al encuentro de una muerte nefanda, en pos de una vil gloria que no hará sino sepultarlo entre las sombras. ¡Ah, mi querido sobrino! ¿Qué voy a decirle, desventurado, a tu madre? ¿Quién podrá consolar, querido, a tu recién casada esposa, a la que ni siquiera has dado la alegrÃa de un hijo, esperanza frustrada? ¿Qué locura es ésta? ¿De dónde viene tal desvarÃo?
Asà dice, mientras abundantes lágrimas le inundan el pecho y repite una y otra vez, entre sollozos:
—¡Adiós, hermoso mÃo!