Cantar de Valtario
Cantar de Valtario Aunque desde lejos, Valtario ve que su camarada está triste, y llega a sus oÃdos el clamor de sus lamentos. Por ello, dice asà al jinete que viene a combatir con él:
—Acepta mi consejo, ilustre joven, y resérvate para un mejor destino. RetÃrate. Te engaña tu ardiente confianza. ¡Mira cuántos cadáveres de héroes! Renuncia al combate. No aumentes el número de mis enemigos muertos.
Responde Patafrido:
—¿Por qué te preocupas de mi muerte, sanguinario tirano? Es hora de luchar, no de hacer sermones.
Dijo, y al punto le arrojó la nudosa lanza. Valtario consiguió desviarla con la suya, y el arma, impulsada con fuerza por el furibundo guerrero, atravesó los aires hasta caer en la gruta, deteniéndose a los pies de la muchacha. Esta, horrorizada, profirió un grito agudo muy femenino; después, cuando la sangre volvió a teñirle el rostro, se asomó recelosa a ver si el héroe continuaba vivo.