Cantar de Valtario
Cantar de Valtario LOS FRANCOS COMIENZAN A CUESTIONAR a cuestionar la pelea y ruegan a su señor que renuncie a la lucha. Pero aquel desgraciado, ciego de ira, les dice:
—La situación presente, ¡oh guerreros, de cuyo gran valor he recibido tantas pruebas!, no debe suscitar miedo en vosotros, sino cólera. ¿Qué sería de mí, si tuviese que abandonar los Vosgos sin haber obtenido más que ignominia? Convenid conmigo en que es preferible morir a regresar a Worms, después de lo que ha sucedido. ¿Va a regresar ése a su patria victorioso e incólume? Hasta ahora habéis combatido para despojarlo del tesoro; ahora, guerreros, os inflama el designio de vengar la sangre derramada. Que pague con su muerte la muerte que ha sembrado, con su sangre la sangre que ha vertido. ¡Sólo la destrucción de su asesino hará olvidar la muerte de vuestros compañeros!
Con estas palabras el demente enardece los ánimos de sus campeones, y nadie piensa ya en salvar la vida, sino que cada uno se afana en preceder al camarada en su carrera hacia la muerte, como si se tratase de un juego. Pero la senda era tan estrecha —lo dije antes— que no permitía que fuesen más de dos los contendientes. El esclarecido Valtario aprovecha entretanto las vacilaciones de los Francos: se quita el yelmo empenachado y lo cuelga de un árbol, y se enjuga el sudor mientras recobra momentáneamente el aliento.
