Cantar de Valtario
Cantar de Valtario FEBO, ENTRETANTO, SE INCLINABA hacia las riberas del ocaso iluminando con sus últimos rayos la bien conocida Tule[9], después de haber dejado a sus espaldas a Escotos e Iberos. Cuando el sol hubo calentado las ondas del Océano, la luna dejó ver sus cuernos en los campos de Ausonia[10]. Fue entonces cuando el sabio guerrero se puso a pensar si serÃa mejor quedarse a cubierto en la gruta durante el silencio nocturno, o exponerse a vagar por las inmensas y desiertas campiñas. Se debate Valtario entre ambas posibilidades, sopesando, sagaz, las ventajas e inconvenientes de su elección. Tan sólo Haganón lo preocupaba como adversario, y lo habÃan puesto en guardia contra él el abrazo y el beso que le habÃa dado el rey. Inciertas le parecÃan las intenciones del enemigo. ¿HabÃan regresado a Worms, su ciudad, a fin de reclutar más camaradas durante la noche que renovasen al amanecer la terrible pelea? ¿O estaban escondidos en los alrededores con ánimo de tenderle una emboscada? Lo asusta el bosque con sus intrincados senderos, y teme toparse con escabrosos espinares o, peor aún, con fieras salvajes que pongan en peligro la vida de su novia.
Luego de meditar y darle vueltas a todo esto, exclama:
