Cantar de Valtario
Cantar de Valtario —Pase lo que pase, descansaré en esta gruta hasta que el sol, cumpliendo su giro, nos devuelva la luz del dÃa. No quiero que ese rey soberbio pueda decir que, como un ladrón, me he fugado de su reino al amparo de las sombras.
Dice, y con una cerca de espinas y de zarzas, aquà y allá cortadas por él mismo, ciega la angosta senda. Hecho esto, se dirige al lugar donde yacen los muertos, coloca en cada tronco la correspondiente cabeza y, de rodillas y mirando a Oriente, con la mano en la espada desnuda, eleva esta plegaria:
—Gracias doy al Supremo Hacedor que rige todo acontecer, sin cuyo consentimiento o, mejor dicho, sin cuyo mandato nada sucede, por haberme salvado de las armas inicuas y oprobiosas de mis enemigos. Y con contrito corazón ruego al Señor benigno, ya que quiere destruir el pecado y no a los pecadores, que me conceda la gracia de volver a ver a estos héroes en la morada celeste.
Cuando ha terminado su plegaria, se levanta al instante y reúne los caballos, atándolos con mimbres retorcidos. Tan sólo seis quedaban, ya que dos habÃan muerto en la lucha y los tres restantes se los habÃa llevado Guntario consigo.