Cantar de Valtario
Cantar de Valtario EL COMBATE LLEGA A SU FIN. Heridos y respirando con dificultad, resuelven deponer las armas. ¿Quién puede salir ileso de una pelea en la que dos héroes tan denodados, y tan parejos en fuerzas y en coraje, se enfrentan en furiosa batalla?
La lucha ha terminado. Ésta es la lista de trofeos: allí yace el pie del rey Guntario, aquí la mano de Valtario y, junto a ella, el ojo aún tembloroso de Haganón. ¡Así se repartieron los brazaletes de los Ávaros!
Se sentaron Valtario y Haganón —el rey seguía tendido en tierra— y restañaron con hierbas el torrente de sangre que brotaba de las heridas. Entretanto el hijo de Alfere llama a la medrosa muchacha, y ella acude solícita y venda las llagas de los guerreros.
Cuando ha realizado su tarea, le dice su novio:
—¡Sírvenos ahora vino! Que beba primero Haganón; es un buen guerrero, con tal que mantenga la fe dada. Luego beberé yo, que soy el que más ha trabajado. El último en beber será Guntario, que se ha mostrado falto de energía entre tantos bravos guerreros y ha combatido sin resolución ni vigor.
La hija de Heririco sigue las indicaciones del héroe, pero, cuando ofrece la copa al Franco, éste, pese a la sed que lo devora, dice:
