Cantares de Ise
Cantares de Ise 63. Por los resquicios del seto
Una vez una mujer de mucho mundo y temperamento apasionado no hacÃa más que pensar cómo podrÃa conseguirse un hombre que la quisiera. Pero no teniendo oportunidad de declararse a nadie, se inventó un sueño, llamó a sus tres hijos y les pidió que se lo interpretasen. Dos de ellos escucharon el sueño y le dieron una interpretación seca y desabrida. Pero el menor le dijo: «En tu vida va a aparecer un hombre estupendo.» Con esto a la madre se le levantó el ánimo. El hijo menor pensó: «¡Qué poca compasión tienen los hombres! ¿Cómo podrÃa conseguir que mi madre se viese con el coronel Zaigo?»
Efectivamente, estando Zaigo de cacerÃa, este buen hijo se le acercó y le llevaba por el camino las bridas. Y mientras caminaban, le contó a Zaigo lo que su madre pensaba y padecÃa. Zaigo tuvo compasión de ella, la visitó y durmieron juntos.
Pero pasó el tiempo sin que volviera a visitarla. Un dÃa la mujer salió y fue a casa de Zaigo, pero se contentó con verle por entre las rendijas del seto del jardÃn.{*} Zaigo la descubrió y exclamó:
Para centenaria
un año le falta:
canas en greña.
La que a mà me quiso
