Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Sin embargo, el príncipe le dijo: «Cuando los amigos viven juntos, se permiten unos a otros ver a las esposas. ¡Cuánto más natural es esto, estando yo de acuerdo con el maestro para ser su discípulo!». Y la viuda le recibió.
A primera vista se dio cuenta de que el príncipe era todo un señor y sintió lástima por él. «Me gustaría que me prestarais una habitación para pasar en ella los días de duelo por mi maestro —dijo el príncipe—. Además os ruego que me dejéis las escrituras del maestro para que pueda llegar a su conocimiento».
La viuda estuvo de acuerdo y preparó la casa del jardín como alojamiento. También buscó los escritos que había dejado su marido y se los dio al príncipe. Él se los agradeció y se preparó un lugar al lado del ataúd para leerlos.
Pero la viuda venía a diario a llorar ante el ataúd, y ocurrió de la forma más natural que fuera hilando conversación con el príncipe. Poco después se confiaron más y algunas miradas tiernas conmovieron el corazón. Al final la viuda ya no pudo aguantar más, hizo llamar al viejo criado a sus aposentos y le pidió que hiciera de mediador para el matrimonio.