Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Los ocho muchachos volvieron a convertirse en ancianos y le contestaron: «Rey, ¿quieres aprender con nosotros? Cada uno de nosotros domina un arte especial. Uno puede producir viento y lluvia, hacer que se formen nubes y niebla; puede hacer que se modelen montañas o hacer correr ríos a su voluntad. El segundo de nosotros tiene el poder de reventar altas montañas y parar las grandes corrientes de agua en su recorrido, puede domesticar tigres y panteras y hacer que se vuelvan mansos los dragones y las serpientes; los dioses y los espíritus están bajo sus órdenes. El tercero puede crear sosias, transformarse, volverse invisible, hacer que desaparezca un ejército y que ande perdido día y noche. El cuarto puede caminar en el aire y sobre las nubes, pasearse por las olas marinas, pasar a través de muros y rocas y recorrer en el tiempo de una inhalación mil millas. El quinto puede entrar en el fuego sin quemarse y meterse en el agua sin ahogarse. Las espadas y los cuchillos no le hieren, la helada invernal no le produce frío, el calor del sol no le quema. El sexto puede crear y cambiar seres a voluntad. Puede hacer pájaros y otros animales, plantas y árboles, casas y castillos. El séptimo puede cocer barro que se convierte en oro, y plomo que se convierte en plata; sabe mezclar el agua con la piedra, de manera que se forman burbujas que se vuelven perlas. El octavo puede montarse en dragones y grullas y volar a los ocho polos que forman el mundo, hablar con los inmortales y presentarse ante los Grandes Purificados».