Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Los ocho ancianos le respondieron sonrientes: «Así que somos demasiado viejos; bueno, ¡pues nos volveremos jóvenes!». Y antes de que hubieran terminado de hablar se habían convertido en niños de catorce o quince años. Los mechones de pelo eran como seda negra y el rostro tenía el color de las flores de melocotonero. El centinela se asustó y se lo comunicó rápidamente al rey. Cuando el rey lo oyó ni siquiera tuvo tiempo para ponerse los zapatos; salió descalzo a recibirlos. Los condujo al palacio, hizo que extendieran alfombras de brocado, les preparó camas de marfil, hizo que se quemaran plantas aromáticas y Ies ofreció sillas de oro y piedras preciosas. Luego les hizo una reverencia, como las hacen los discípulos ante su maestro, y Ies dijo que se alegraba mucho de su venida.