Cuentos Chinos
Cuentos Chinos El rey le dijo airadamente: «¡Asà que tú eres Hu Di! ¿Por qué me has insultado? ¡Echadle en la olla de aceite!».
Pero Hu Di sonrió y contestó: «He oÃdo que cuando se nombra a un dios sabio y justo, premia el bien y castiga el mal, para dar ánimos a los hombres sabios. Pues Yüo Fe era el servidor más fiel del Estado y fue conducido a la deshonra y a la muerte junto con su hijo. Por el contrario, Tsin Gui, que habÃa traicionado a su señor para su propia honra, goza de riqueza y poder. Si éste es el camino del cielo, realmente es mejor estar muerto que vivo. Tú, oh, gran rey, piensas que no merece la pena que la justicia relumbre, sino que sólo piensas en calmar tu rabia por cierto comentario mÃo. En esto reconozco que las tinieblas del mundo inferior son todavÃa peores que el mundo de los hombres y que tu cólera, gran rey, no tiene nada que envidiar a la de los tiranos de la tierra».
Cuando hubo terminado de hablar, se rasgó las vestiduras y se dirigió a la olla.