Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Oerlang quería cogerlo, pero entonces se le apareció un mensajero, que le traía una orden del Señor del Cielo: «El cielo, el aire y la tierra tienen necesidad de la luz solar. Tienes que dejar libre a un sol, para que puedan seguir viviendo todas las criaturas. Y como has salvado a tu madre y has dado pruebas de ser un buen hijo, te convertirás en un dios y serás mi guardaespaldas en el cielo. Velarás sobre el bien y el mal en el mundo de los humanos y tendrás poder sobre demonios y diablos». Después de haber cumplido lo que le ordenaban, subió al cielo.
La esfera del sol salió entonces de debajo de las plantas de la verdolaga y en prueba de agradecimiento por haberse salvado, le concedió el don de un crecimiento exuberante y el que no tuviera que temer a los rayos del sol. Hoy todavía se pueden ver bajo sus hojas unas perillas blancas minúsculas, que son el brillo de los rayos del sol que se le quedaron prendidos mientras el sol estuvo escondido debajo de ella. A la lombriz, por el contrario, el sol la perseguía cuando salía de debajo de la tierra y se desecaba como castigo a su traición.