Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Casi todos se habían marchado ya, y el estudiante seguía vigilándoles con miedo y admiración, pues no sabía de dónde habían venido. Se calzó los zapatos y se puso a investigar, pero se habían marchado sin dejar huella. Se dio la vuelta y miró por todo el cuarto; pero no había nada. Sólo un perro que habían dejado sobre un banco de piedra que estaba en el muro. El estudiante lo cogió rápidamente. Lo puso en una caja de tinta y lo observó por todos los costados. Tenía la piel fina y muy brillante, y llevaba un collar al cuello. Quería alimentarlo con unas migajas, pero el animal las olisqueó y no las comió. Saltó a la cama y buscó entre la ropa y las mantas chinches y piojos, y se los comió. Luego volvió y se echó. Al día siguiente, por la mañana, el estudiante temía que el perro se hubiera ido, pero éste estaba acurrucado en el mismo sitio que antes. Cada vez que él se iba a dormir, el perro saltaba sobre su cama y mataba a todos los parásitos que podía encontrar. Las moscas y mosquitos ya no se atrevían a dejarse ver y al estudiante le parecía maravilloso.
Pero una vez que se quedó dormido durante el día y que el perrito se había enroscado junto a él, se despertó, se incorporó y se echó de costado. Sintió algo y se temió que fuera su perro. Se levantó rápidamente y miró, pero ya estaba muerto y tan plano como si fuera un papel.
Por supuesto, los parásitos volvieron.