Cuentos Chinos
Cuentos Chinos La noche había caído y los hombres que trabajaban en el río se habían retirado. Él se deslizó sigilosamente fuera de la casa y se lanzó al río. Sus criados se dieron prisa en seguirle, pero no pudieron alcanzarle; al día siguiente se cerró la brecha. Más tarde se supo la cosa en la corte y al funcionario le llamaron el señor del río Amarillo.
A los espíritus del río les encanta observar las obras de teatro. Enfrente de cada templo se construye un escenario. Dentro del edificio están las tablillas del espíritu del rey del río, en el altar delantero hay un recipiente lacado en oro, lleno de arena pura. Cuando se ve ahí a una culebrilla, quiere decir que está el espíritu del río. Los sacerdotes tocan entonces las campanas y los timbales, y leen los libros sagrados en voz alta. El encargado informa inmediatamente y hace venir a un grupo de jugadores de ajedrez. Antes de empezar el juego, se sitúan frente al templo y doblan una rodilla pidiendo al rey que designe un actor. El rey elige a uno y le señala con la cabeza. También puede escribir signos en la arena con su cola. Entonces la obra empieza inmediatamente con el actor escogido.
No le interesa la desgracia o la buena fortuna de los hombres. Aparece y desaparece de repente, según le apetezca.