Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Un sabio atravesaba una vez unos campos con un amigo, de camino a la casa de un familiar. Pasaron por un templo dedicado al dios del río, delante del cual se estaba representando precisamente una nueva obra. El amigo le rogó que fuera con él a echar un vistazo. Entraron en el templo y vieron en la parte superior de las columnas delanteras dos serpientes verdes enroscadas en ellas y con la cabeza vuelta como si estuvieran viendo la obra de teatro. En la parte central del templo estaba el altar con el platillo de arena. Allí dentro había una culebrilla de cuerpo dorado, cabeza verde y un puntos rojos en la frente.
Había enderezado la parte delantera del cuerpo y sus ojillos miraban el decorado de la escena. El amigo se inclinó y el sabio hizo lo mismo.
Le preguntó en voz baja a su amigo: «¿Cómo se llaman los dioses del río?».
«El del templo —le respondió—, el dios Dragón dorado. Los dos de las columnas son dos señores feudales que no se atreven a ocupar un puesto junto al rey en el templo».
El sabio se maravilló y pensó para sí: «¡Esa culebrilla! ¿Cómo va a tener el poder de una divinidad? Yo no la adoraré si no me demuestra antes su poder».