Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Al este de Schantung está la ciudad de Dóngdschoufu. Allí hay una torre de observación sobre la que se alza un gran templo. A sus pies está la ciudad del Agua, y allí hay una puerta de entrada al mar, por la que pasa la corriente que baña la ciudad. Junto a la puerta hay una garita del guarda costero.
Érase una vez un oficial que fue destinado a esta ciudad como gobernador. No hacía mucho tiempo que estaba en su destino y anteriormente había sido un señor feudal. Invitó a algunos amigos a cenar. Junto al pabellón había una gran roca en forma de mesa. Allí apareció repentinamente una culebrilla que se enroscaba. Era verde con manchas y la cabeza era cuadrada con lunares rojos. Los soldados quisieron matar al animalito, pero el gobernador se lo impidió.
Habló con una sonrisa: «¡No le hagáis nada! Es el rey del río de Dsiningdschou. Cuando yo estaba allí, me visitó varias veces y yo le honraba con ofrendas y obras de teatro. Ahora viene aquí para desearme suerte y ver cómo le va a su viejo amigo».
En aquel lugar había un pabellón para la música; la gente podía cantar y bailar igual que hacen los grupos de teatro. El hombre hizo que empezara inmediatamente una obra de teatro y preparó otro banquete con vino y alimentos exquisitos e invitó al rey del río a que tomara asiento.