Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Fue cayendo la noche y el rey del río no mostraba voluntad alguna de marcharse.
Entonces el gobernador se inclinó hacia él y le dijo: «Aquí estamos muy lejos del río Amarillo y la gente nunca os ha oído nombrar. Ha sido un gran honor para mí el que me hayáis visitado. Pero las mujeres y los tontos que se han reunido aquí, y os miran con la boca abierta, tienen miedo de oír hablar de vos. Ahora que habéis visitado a vuestro viejo amigo, debéis marcharos».
Cuando acabó de hablar hizo que trajeran una litera; los timbales resonaban y se lanzaron petardos; para terminar tiraron nueve cañonazos como acompañamiento. La serpiente subió al palanquín y el gobernador la escoltaba. Así llegaron al puerto, y cuando quiso despedirse, la serpiente ya se iba nadando por el agua. Se había vuelto mucho mayor, hizo un movimiento de cabeza en dirección al hombre y desapareció.
Entonces un incrédulo le preguntó: «El dios del río vive a mil millas de aquí. ¿Cómo ha podido llegar aquí?». El gobernador le contestó: «Es tan poderoso que puede ir donde quiera, y, además, hay un canal que llega desde aquel río al mar. En un abrir y cerrar de ojos puede recorrer el camino y venir nadando por el mar».