Cuentos Chinos

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Luego llegó un hombre de Cantón, Lo Dsi-Tschung. Éste, que venía con dos hermanos, dijo que algún antepasado suyo había estado políticamente emparentado con la familia del rey dragón. Por lo tanto, estaban en buenas relaciones con los dragones; en consecuencia, rogaban que les dejaran ser los emisarios.

El sabio Ies preguntó: «¿Tenéis todavía la piedra que doblega a los dragones?».

«Sí —le contestaron—, la hemos traído».

El sabio hizo que se la mostraran. Después se dirigió a ellos: «Esta piedra sólo sirve para los dragones que hacen las nubes y que envían la lluvia: no sirve para los dragones que guardan las perlas del rey del mar». Les volvió a preguntar: «¿No tenéis nada para someter a los dragones?».

Cuando dieron una respuesta negativa, el sabio Ies preguntó: «¿Cómo vais a someter entonces a los dragones?».

El emperador preguntó: «¿Para qué?».

El sabio le contestó: «En el mar del Oeste hay comerciantes extranjeros que venden pases para tratar con dragones. Hay que ir allí e intentarlo con ellos. También sé de un hombre santo que es un entendido en los secretos de los dragones y que tiene diez libras de piedras de dragones preparadas. También habrá que enviar a alguien allí».


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