Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Luego le dijo: «No entiendo por qué tienen que pastar vuestras ovejas. ¿También los dioses sacrifican animales?».
«No son ovejas corrientes —le respondió la mujer— ¡son esclavos de la lluvia!».
«Y ¿qué son los esclavos de la lluvia?».
«Son machos cabríos de truenos», le respondió la mujer.
Cuando él miró más de cerca, se dio cuenta de que los animales se acercaban con orgullo y fiereza, de manera totalmente diferente a las ovejas normales.
Liu I siguió hablando: «Si yo le llevo la carta a vuestro padre y vos volvéis sana y salva al lago Dungting, no debéis tratarme como a un extraño».
La mujer repuso: «¡Cómo iba a trataros como a un extraño! ¡Seréis mi más querido amigo!».
Después se despidieron.
Un mes más tarde, Liu I llegó al lago Dungting y preguntó por el naranjo, y lo encontró. Deshizo su cinturón y golpeó tres veces el árbol. Al instante surgió de una ola del lago un guerrero que le preguntó: «¿De dónde venís, noble huésped?».
Él contestó: «Tengo una importante embajada y quiero ver al rey».