Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Los marineros chillaron asustados: «¡Aquí no hay ninguna montaña, tiene que tratarse de un demonio acuático!».
Mientras seguían señalándola y observándola, la montaña se aproximó al barco y de su cumbre resbaló un colorido bote hacia el agua. A ambos lados había hadas. En el medio estaba sentado un hombre. Era Liu I. Saludó a su primo con la mano; éste se quitó el vestido y subió al bote. Cuando estaba entrando en el bote, ya se había convertido en una montaña. En la montaña había un magnífico palacio y en el palacio estaba Liu I, rodeado de música de cuerda y de alegres colores.
Se saludaron y Liu I le dijo a su primo: «Apenas nos hemos separado y ya tienes los cabellos grises».
El primo le respondió: «Tú eres un dios. Yo tengo cuerpo humano. ¡Así es la fortuna!».
Liu I le dio cincuenta píldoras diciéndole: «Cada píldora alarga un año tu vida. Cuando se te hayan terminado los años, ¡ven aquí y no permanezcas en el mundo del polvo, donde sólo hay necesidad y trabajos!».
Luego le volvió a llevar a la superficie del lago y desapareció. Su primo, por el contrario, se volvió al mundo y, después de cincuenta años, cuando ya se había tomado todas las píldoras, desapareció para siempre jamás.