Cuentos Chinos
Cuentos Chinos A partir de ahí el campesino pudo hacerse invisible, ver a los espíritus y a los demonios, y estaba en tratos con el otro mundo. Cuando la gente estaba inconsciente a causa de una enfermedad, podía volver a llamar a sus almas a la vida y, si alguien había cometido algún pecado, interceder por él. De esta forma ganó mucho dinero.
Cuando ya había vivido todo el año de su cincuenta cumpleaños, se apartó de todas esas cosas y dejó de ejercer sus artes. Una noche de verano, cuando estaba sentado en su patio disfrutando a solas del frescor, bebió una copa de vino tras otra. Hacia la medianoche estaba totalmente borracho. Apoyó las manos en el suelo y vomitó. Fue como si de repente tuviera a alguien sobre su espalda. Los vómitos se hicieron más intensos y al final se le salió la cuenta que tenía en la garganta.
El otro la cogió con la mano y dijo: «Durante treinta años has tenido mi tesoro guardado. Te has convertido en un hombre rico cuando sólo eras un muchacho campesino. Ya tienes bastante. Quiero recuperarlo».
El hombre se sintió entonces totalmente sobrio, pero el zorro ya se había marchado.