Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Li Dsing se marchó presa de una gran excitación a contarle a su mujer lo ocurrido y ambos se echaron a llorar. Notscha, por el contrario, se acercó a ellos y Ies dijo: «¿Por qué lloráis? Sólo tengo que ir a ver a mi señor, el Gran Uno. Él sabrá aconsejarme». Apenas había terminado de decir estas palabras, cuando desapareció. Se presentó ante su señor y le contó toda la historia. Éste le contestó: «Tienes que salir al encuentro del dragón, de forma que no se queje de ti al cielo». Luego le dio una poción mágica y Notscha se encontró a la puerta del cielo, donde esperó al dragón. Era una hora temprana de la mañana. La puerta del cielo todavía no estaba abierta y el centinela aún no había ocupado su puesto, pero el dragón ya estaba llegando arriba. Notscha, que dudaba del efecto de la poción, lanzó al dragón al suelo, empujándolo hacia atrás con su arco, y empezó a golpearle. El dragón se enfureció y gritaba. Notscha dijo: «¡Ya cayó el viejo gusano!», y no le preocupaba golpearle. «Voy a arrancarle las escamas». Con estas palabras le rasgó el traje de fiesta y empezó a arrancarle algunas escamas de debajo del brazo izquierdo, de forma que le caía sangre. El dragón no pudo aguantar más el dolor y le pidió indulgencia. Pero tuvo que prometerle que no iba a presentar sus quejas antes de que le soltara. El dragón se convirtió entonces en una culebrilla verde. Notscha se la metió debajo del brazo y volvió a casa. Apenas había terminado de poner la serpiente debajo de su brazo, cuando aquélla tomó la figura de un hombre. El dragón le juró a Li Dsing una venganza terrible y desapareció con un relámpago.