Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Tras el templo hay una gran cueva en la que vivieron en otros tiempos dichos zorros. Salían y se sentaban en la cumbre de un acantilado escarpado que estaba junto al camino. Si venía un caminante, empezaban a decir algo así como: «¡Vecino, espera un poco y fúmate una pipa!». Los caminantes miraban asombrados a su alrededor buscando la procedencia de la voz y sentían un enorme pánico. Si no eran especialmente animosos empezaban a sudar de miedo y se marchaban corriendo. El zorro se reía: «¡Ji, ji!».
En la pendiente de la montaña había una vez un labrador. Cuando miró con atención, vio a un hombre con sombrero de paja y un abrigo de hierba que venía con un hacha a la espalda.
«Vecino Wang —le dijo—, ¡fúmate una pipa antes de seguir el camino y descansa un poco! Luego yo te ayudaré a arar». Luego hizo: «¡Hu!», como hacen los labradores cuando se dirigen a las vacas.