Cuentos Chinos
Cuentos Chinos El labrador miró con más atención y vio que era un zorro parlanchín. Esperó el momento oportuno y luego le dio un golpe seco con el bastón de hueso. Le acertó. El zorro gritó, dio un salto en el aire y se marchó corriendo. El sombrero de paja, la capa de hierba y todo lo que llevaba lo dejó allí caído. Cuando el labrador miró detenidamente, vio que el sombrero estaba tejido con hojas de patata. Lo había partido en pedazos con el bastón. El manto estaba hecho de hojas de encina, unidas con finas hierbecillas. Pero el hacha era una rama de calián a la que se había unido un ladrillo.
Tras un tiempo, una mujer de la vecindad fue poseída. Hicieron colgar el retrato del jefe del taoísmo, pero el espíritu no se marchaba. Como no había ningún exorcista en los alrededores y las molestias eran inaguantables, los parientes de la mujer se pusieron de acuerdo para ir al templo del dios de la guerra y pedirle ayuda.
Cuando el zorro lo oyó, dijo: «No tengo ningún miedo a vuestro papa taoísta y vuestro dios de la guerra; al único que temo es al vecino Wang del pueblo del este, que ya me golpeó una vez con su bastón».
A la gente le pareció justo. Enviaron al pueblo del este gente para que encontrara a Wang. Él cogió su bastón de hueso y entró.