Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Entonces se puso en pie Gu I Dsí. Sus ojos centelleaban y gritó con fuerte voz: «Una vez que el príncipe iba por el río Amarillo se levantaron viento y olas. Un dragón del río cogió uno de los coches de caballos y se marchó; la comitiva se tambaleaba como un flan y estuvo a punto de caer. Entonces cogí mi espada y me adentré en el río. Luché contra el dragón en medio de las espumosas olas. Mi fuerza me dio la victoria y maté al dragón; los ojos se me salían del rostro a causa del esfuerzo. Así surgí del agua, llevando en una mano la cabeza del dragón y en la otra el caballo que había salvado, y al tiempo salvé al príncipe de que se ahogara. Nunca, cuando nuestro país estuvo en lucha con los vecinos, he ahorrado esfuerzo. Iba en cabeza, me adelantaba en la lucha cuerpo a cuerpo; jamás le di la espalda al enemigo. Una vez que el coche del príncipe se encontraba caído en el barro y rodeado de enemigos por todas partes, yo saqué el carro de allí y rechacé a los soldados enemigos. Desde que estoy al servicio del príncipe, le he salvado la vida en varias ocasiones. Aunque mis méritos no se igualen con los del canciller del príncipe, sí que son mayores que los de los otros dos héroes. Ambos han recibido un melocotón y yo me voy con las manos vacías. Eso quiere decir que los mayores méritos no son premiados y que el príncipe no me ha considerado bastante bueno. ¡Cómo voy a dejarme ver en la corte!».