Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Con estas palabras, desenvainó la espada y se dio muerte con ella.
Gung-Sun Dsiá le levantó, hizo dos reverencias y dijo sollozando: «Nuestros méritos no pueden igualarse con los de Gu I Dsi y sin embargo se nos dieron los melocotones. Hemos dejado que nos paguen. Es una vergüenza. Por eso es mejor morir que seguir viviendo».
Desenvainó la espada y apenas la había empuñado cuando ya rodaba su cabeza en la arena.
Tián Kai Giang miró y gritó de asco. Exhaló el aliento como si fuera un arco y los cabellos se le erizaron de enfado. Cogió entonces su espada y dijo: «Los tres hemos servido cumplidamente al rey. Estábamos tan unidos como la carne y la sangre de un cuerpo. Ellos dos han muerto, mi deber es no seguir entonces con vida».
Se hundió la espada en la garganta y expiró.
El conde no podía dejar de gemir y ordenó que se Ies preparara un suntuoso entierro.
Un caballero valeroso lava el deshonor con su vida. Eso lo sabía el canciller; por eso había calculado el asunto a propósito para dar sólo a dos héroes los melocotones y poder matar a los tres héroes.