Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Molo le dijo: «El que extendiera tres dedos quiere decir que vive en el tercer patio. El estirar por tres veces la mano significa el número de los cinco dedos por tres. Es decir, quince. El señalar a su espejito quiere decir que el día quince del mes, cuando la luna esté llena y redonda como el espejo, debéis ir a verla».
Entonces el joven se deshizo de sus negros pensamientos y casi no podía con la alegría que le embargaba.
Pero poco después volvió a ponerse triste y dijo: «El palacio del príncipe está cerrado y es más difícil atravesarlo que atravesar el mar. ¿Cómo voy a poder llegar a ella?».
«No hay nada más fácil —repuso Molo—, el día quince cogemos dos trozos de seda oscura y nos cubrimos con ellos. Yo os guiaré. Es cierto que hay un perro salvaje, que hace guardia a la entrada del patio de las esclavas, es fuerte como un tigre y vigilante como un dios. Nadie puede pasar delante de él. Primero hay que matarlo».
Cuando llegó el día señalado, dijo el criado: «Aparte de mí, no hay nadie que sea capaz de matar a ese perro».
El joven le dio muy contento vino y carne. El viejo cogió un martillo con cadena y desapareció al instante.