Cuentos Chinos
Cuentos Chinos En aquellos tiempos existió un joven que se llamaba Tsui. Su padre era un alto funcionario y amigo de un príncipe. El padre envió en una ocasión a su hijo a visitar al amigo, que estaba enfermo. El hijo era joven, hermoso y mañoso. Se marchó dispuesto a cumplir los deseos de su padre. Cuando llegó a la casa, vio a tres bellas esclavas que recogían melocotones colorados, los echaban en recipientes y los rociaban de almíbar y se los ofrecían. Cuando hubo comido, se despidió y el que le ofrecía hospitalidad ordenó a una esclava, de nombre Amanecer, que le acompañara a la corte. Mientras iban de camino, el joven no dejaba de mirarla. Ella le guiñaba el ojo sonriendo y le hacía gestos con la mano. Primero extendió tres dedos, luego estiró tres veces la mano y luego señaló un espejito que llevaba sobre el busto. Cuando se despidieron le susurró: «¡No te olvides de mí!».
Cuando regresó a la casa, todos sus sentidos y pensamientos estaban confusos. Su espíritu estaba de pie, como si se tratara de un gallo de palo. Tenían un viejo criado, que se llamaba Molo, que era un hombre fuera de lo corriente.
«¿Qué os hace falta, señor? —le decía—, ¿por qué estáis así de triste? ¿No queréis confiárselo a vuestro viejo servidor?». Entonces el joven le contó lo que le había sucedido y le contó también los misteriosos signos que le había hecho la muchacha.