Cuentos Chinos
Cuentos Chinos En los tiempos de la dinastía Tang había forjadores de espadas de distintos tipos. Los primeros eran los que formaban las espadas de los santos. Podían convertirse a voluntad, y sus espadas eran como el resplandor de un rayo. Antes de que la gente se diera cuenta, le habían cortado ya la cabeza. Pero estos hombres tenían un gran sentido común y no se mezclaban con facilidad en los asuntos humanos. El segundo tipo lo constituían las espadas de los héroes. Se ocupaban de matar a los injustos y de ayudar a los oprimidos. Llevaban una daga al costado, dentro de una funda de cuero. Gracias a fórmulas mágicas podían convertir las cabezas de los hombres en agua. Volaban por encima de los tejados y subían y bajaban por las paredes. Podían ir y venir sin dejar huellas. Las más bajas eran las espadas de los asesinos. Se Ies podía contratar si uno quería vengarse de su enemigo. La muerte era para ellos algo corriente.
El viejo de la barba de dragón estaba exactamente en el medio de la primera y de la segunda clase, pero Molo, del que habla otra historia, era uno de los héroes de espada.
