Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Entonces reunió un ejército de tres mil guerreros, les dio una soldada estupenda, consultó los oráculos para establecer el día más favorable y se puso en camino para ocupar Ludschou por las armas.
Al conde de Ludschou le llegó la noticia. Pasaba los días y las noches preocupado y no veía ninguna solución. Una noche, cuando ya se había dado el toque de queda y el campamento había cerrado sus puertas, se puso a dar vueltas al patio apoyado en su bastón. La única que le seguía era su esclava.
«Señor —le dijo—, hace un mes que no podéis dormir y que habéis perdido el apetito. Y vivís sin compartir con nadie vuestras preocupaciones. Me equivocaría si no dijera que es a causa de Webo».
«Es un asunto de vida o muerte —le contestó el conde—. Las mujeres no entienden de eso».
«Yo no soy más que una muchacha sencilla —le dijo la esclava—, y sin embargo he acertado con la causa de vuestras preocupaciones».
El conde reconoció que sus palabras tenían sentido y le dijo: «Tú eres una muchacha fuera de lo común. Realmente estoy pensando en una solución cuando todo está en calma».