Cuentos Chinos

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La idea de la venganza no dejaba a Notscha calma alguna. En un momento inesperado se marchó y llegó haciendo girar sus ruedas a casa de Li Dsing, acompañado de un estruendo de truenos. Él no pudo resistirlo y huyó corriendo por delante. Pero le abandonaron las fuerzas y vino a ayudarle desde la blanca morada de las grullas su segundo hijo, Mutscha, el retoño del sagrado Pu Hián. Tuvo lugar un fuerte intercambio de palabras entre ambos hermanos. Empezaron a luchar. Mutscha perdió y de nuevo se puso Notscha a perseguir a Li Dsing. Viéndose en situación tan comprometida, Li Dsing quiso quitarse la vida, pero entonces llegó desde la montaña de los cinco dragones el sagrado Wen Dschu, el señor de Gintscha, hijo mayor de Li Dsing, y se lo llevó a su refugio. Notscha, encolerizado, siguió con su persecución, pero el sagrado Wen Dschu dijo: «En otros lugares puedes dar rienda suelta a tu crueldad; aquí no se te permitirá». Y cuando Notscha, presa de una enorme rabia, le apuntó con su lanza, Wen Dschu retrocedió un paso, sacó de su manga una flor de loto de siete pétalos y la arrojó al aire. Se produjo un torbellino de viento, las nubes y la niebla impedían la visión, la arena y la tierra se revolvieron. Luego cayó al suelo con un gran estruendo. Notscha perdió el conocimiento y cuando volvió en sí estaba atado con tres cadenas de oro a una columna también de oro, de manera que no podía moverse. Wen Dschu llamó entonces a Gintscha y le ordenó que golpeara a conciencia a su irrazonable hermano. Orden que cumplió. Estaba de pie rechinando los dientes y tuvo que dejarse hacer. En ese momento de gran precariedad, Notscha vio al Gran Uno, que estaba suspendido en el cielo por encima de él. Le llamó: «¡Señor, sálvame!». Pero no le escuchó, sino que entró en el refugio y agradeció sonriendo a Wen Dschu la dura lección que le estaba dando a Notscha. Para terminar le llamaron ante ellos y le ordenaron que se disculpara con su padre. Luego le dejaron y se sentaron a jugar una partida de ajedrez. Pero apenas se vio libre Notscha, volvió a crecer la cólera en su espíritu y volvió a la persecución. En cuanto alcanzó a Li Dsing apareció una divinidad para protegerle. Era el viejo Buda, el de la luz cegadora. Cuando Notscha quiso luchar contra él, el viejo Buda levantó ambas mangas y construyó con un torbellino de nubes rojas una pagoda que rodeó a Notscha. Con ambas manos envió una luz roja a la pagoda. Se prendió un fuego que quemaba a Notscha y que le hacía gritar para que le perdonaran. Tuvo que prometer pedir disculpas a su padre y obedecerle a partir de ese momento. Buda no le dejó salir de la pagoda hasta que lo hubo prometido todo. Le dio la pagoda a Li Dsing y le enseñó un encantamiento para que pudiera doblegar a Notscha. Desde entonces, a Li Dsing se le llama el rey celeste que transporta la pagoda.


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