Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Ya en su más tierna juventud, Sun Si Mo había alcanzado el dominio de todas las ciencias. Vivió durante muchos años apartado en las montañas. Pero cuando el emperador Tai Dsung, de la dinastía Tang, le hizo llamar, volvió. El emperador quería darle un puesto en el gobierno, pero él lo rechazó y ayudaba a los hombres trabajando como médico. Llevaba un anillo de hierro hueco en el que hacía rodar una esfera. La sacudía e iba por los pueblos y ciudades. Cuando venía a verle un enfermo lo curaba en el sitio, incluso aunque estuviera enfermo desde hacía muchos años. Sabía punzar, quemar y sajar, y anulaba los venenos más potentes.
En una ocasión, llegó a los pies de la montaña del sur. Allí había un tigre monstruoso en medio del camino, que agarrándole del borde de la túnica con sus dientes, movía la cola y parecía querer decir algo.
«¿Qué te ocurre? —le preguntó el médico—. ¡Enséñamelo!». El tigre abrió sus fauces. Tenía un hueso de ternera en el paladar. Le había producido una herida fea, de modo que no podía tragar. El médico le cerró con su aro de hierro la faringe y con un bisturí bien afilado cortó el hueso y se lo sacó. Luego le puso un emplasto de hierbas en la herida y enseguida estuvo bien. El tigre dio una voltereta de alegría y se marchó.
