Cuentos Chinos
Cuentos Chinos En otra ocasión encontró a un anciano que padecía de dolores de vientre. El médico le dio una píldora y le curó la enfermedad. El anciano se inclinó agradecido; luego se convirtió en un dragón y desapareció en el aire. Desde entonces al médico le siguen un dragón y un tigre escondidos.
Otra vez estuvo una princesa enferma y le rogaron al médico que la curara. Pero la muchacha era tan vergonzosa que no quería darle la mano para que le tomara el pulso.
El médico le dijo entonces; «Que la enferma sostenga en cada mano tres hebras de seda, así podré saber lo que le ocurre».
Hicieron lo que había ordenado y de detrás de la cortina salieron seis hebras de seda. El médico las comprobó una a una; luego dijo: «La princesa padece de melancolía».
Le dio un purgante y la enfermedad desapareció como si hubieran soplado sobre ella.
Una vez se encontró con otro médico famoso. Le dijo a modo de advertencia: «Veo por tu aspecto que padeces una enfermedad grave. ¡Te aconsejo que te trates!».
El otro se enfadó y le contestó: «Me siento fresco y fuerte y no me duele nada. ¡Vaya tontería que dices, viejo!».