Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Pero apenas habían transcurrido unos meses cuando el otro tuvo una enfermedad grave y murió.
En una aldea había una mujer que se había muerto en un parto. La llevaban a enterrar. El médico se fijó en la caravana y vio que del ataúd caía un hilillo de sangre fresca; entonces dijo: «La mujer no está muerta. ¡Traédmela enseguida, que yo puedo curarla!».
Siguieron sus consejos y abrieron el ataúd, pinchó a la mujer en el vientre con una aguja y al momento nació un niñito. Tanto la madre como el hijo vivieron.
Otra vez llegó a una aldea. Detrás del pueblo había un hombre en la calle que había sido mordido mortalmente por un lobo. Tenía el vientre abierto y los intestinos fuera. Un perro de la aldea se acercó a saltos a comer los restos. El médico mató al perro, le sacó el corazón y el hígado y se los trasplantó al hombre. Luego le hizo una sutura y le dio una pomada. Poco después el hombre volvió en sí.
Se levantó, miró a su alrededor y le preguntó al médico: «Me sentía cansado y me he echado a dormir un poco aquí. Tenía una bolsa. ¿Por qué me la has robado?».
El médico le respondió. «Tú no reconoces al que es bueno contigo. Un lobo te había medio comido y te he salvado la vida. ¡Y me tratas de ladrón!».