Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Cuando el emperador Ming Huang estuvo en el país de las Cuatro Corrientes, vio en sueños a un anciano de barba blanca y de cabellos canosos que decía haciendo una reverencia: «Yo soy el médico Sun Si Mo. Vivo en la montaña Omi. Como supe de la venida de vuestra alteza, me apresuré a venir a saludaros, aunque también tengo una petición. Estoy preparando la piedra de la sabiduría. Para ello necesito ochenta medidas de soldadura real del país de las Cuatro Corrientes. Si tenéis la bondad de regalármelo, enviádmelo a la montaña Omi».
El rey se lo prometió y le mandó lo que deseaba a la montaña Omi, donde el médico apareció y cogió el encargo muy agradecido.
«Aquí, en la montaña, no tengo papel; por eso he escrito mi agradecimiento en una piedra, por favor, ¡copiadla!».
Y el enviado vio, efectivamente, una piedra en la que habían escrito con cinabrio rojo. Cuando hubo copiado las palabras, desaparecieron el anciano y la piedra. Desde entonces, tan pronto se hacía visible como invisible.