Cuentos Chinos
Cuentos Chinos “No hay rima alguna en esos cuatro versos —le dijeron—. Y, encima, no tienen sentido. Una bola de plomo no es ningún pájaro y el mozo de cuadra trabaja fuera de la casa. ¿Cómo quieres llamarlo desde tu cuarto? Paparruchas, paparruchas. ¡Que beba!”.
Pero antes de que hubieran acabado de hablar, la pequeña levantó la cortina que los separaba de los aposentos femeninos y salió. Estaba enfadada, pero aun así no podía disimular una sonrisa.
“¿Cómo que nuestros versos no tienen sentido? —dijo—. Escuchadme, que os los voy a explicar. La bola del cielo va a matar a vuestro fénix y a vuestra tórtola; el tigre que está en la tierra se comerá a vuestro buey y a vuestra oveja. La tijera de la mesa es para cortar vuestros libros viejos. Y llegamos al mozo de cuadra del cuarto, que, bueno, se puede casar con vuestras muchachas”.
Entonces habló el marido de la mayor: “¡Bien hecho, cuñadita! ¡Vaya si sabes hablar!”. Si fueras un hombre, serías doctor hace mucho tiempo. Como castigo seremos nosotros los que nos bebamos los tres vasos».