Cuentos Chinos

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3. De cómo un hombre perdió a causa de su avaricia un gran premio por ganar otro menor[60]

Érase que se era una anciana que tenía dos hijos. El mayor, que no era buen hijo, dejó a su madre y a su hermano, pero el menor se ocupaba con tanto celo de su madre, que todos hablaban de lo buen hijo que era.

En una ocasión hubo una función de teatro a las afueras del pueblo y él llevó a su madre a cuestas para que pudiera verla. A las afueras del pueblo había un paso estrecho, allí resbaló y cayó en mitad del desfiladero. La madre murió a causa de un desprendimiento de piedras. Por todas partes se veían rastros de sangre y de carne desgarrada. El hijo acariciaba el cadáver de su madre y lloraba amargamente. Estaba pensando en suicidarse, cuando, de repente, se dio cuenta de que había un sacerdote junto a él.

Éste le dijo: «No temas, puedo resucitar a tu madre».

Mientras hablaba, se inclinó, unió la carne y los huesos colocándolos en su sitio, después lo bendijo y la madre volvió a la vida. Entonces el hijo se arrodilló ante él lleno de alegría, pero vio que de un risco pendía todavía un pedacito de carne de su madre, que mediría una pulgada.

«No podemos dejarlo aquí», dijo guardándolo en su seno.


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