Cuentos Chinos
Cuentos Chinos El sacerdote le dijo: «¡Tú sí que eres un buen hijo!». Cogió el trocito de carne de la madre, formó con él un hombrecito, lo bendijo y, dando un salto, aquél se llenó de vida. Se había convertido en un espléndido muchachito.
«Se llama Pequeña-Ventaja —dijo volviéndose hacia el hijo—. Puedes considerarlo tu hermano. Eres pobre y no tienes con qué alimentar a tu madre. Cuando necesites algo, Pequeña-Ventaja te lo proporcionará».
El hijo se lo agradeció repetidamente. Luego volvió a coger a su madre a la espalda, le dio a Pequeña-Ventaja la mano y se marchó a casa. Cuando le dijo a Pequeña-Ventaja: «¡Trae carne y vino!», aparecieron inmediatamente la carne y el vino y también había arroz al vapor cociéndose en la cazuela. Si le decía a Pequeña-Ventaja: «¡Trae dinero y paño!», se llenaba la bolsa de dinero y los paños llenaban un cesto hasta los bordes. Todo lo que le pedía se lo concedía, de modo que llegaron a vivir con gran desahogo.