Cuentos Chinos
Cuentos Chinos Pero el hermano mayor le tenía mucha envidia y cuando hubo un trofeo de ajedrez en el pueblo, cogió a su madre a la espalda con gran esfuerzo y se dirigió al torneo. Cuando llegaron al paso, fingió que tropezaba y dejó caer a su madre al fondo del desfiladero, con la única preocupación de que su madre se hiciera realmente pedazos. Y, ciertamente, la madre cayó tan mal que se diseminaron los miembros y el tronco por todas partes. El hijo bajó sosegadamente, colocó entre las manos la cabeza de su madre y fingió que lloraba.
Pronto apareció el sacerdote y le dijo: «Puedo volver a la vida a la difunta recubriendo sus huesos con carne y sangre».
Entonces hizo lo mismo que en la ocasión anterior y la madre volvió de nuevo en sí. Pero el hijo mayor ya había escondido con antelación una de sus costillas.
Luego la sacó y le dijo al sacerdote: «Nos ha sobrado una costilla. ¿Qué hacemos con ella?».
El sacerdote cogió el hueso, lo rodeó de barro y de tierra, lo bendijo como la vez anterior y formó un hombrecito, que era como Pequeña-Ventaja, aunque con un cuerpo mayor.
«Se llama Gran-Obligación —dijo—. Si te ocupas de él, te servirá de ayuda».
El hijo volvió a cargar a su madre a la espalda. Gran-Obligación lo seguía.